Acabamos de vivir otros juegos olímpicos, los de invierno en Sochi, en Rusia, y hemos visto cómo se esforzaban nuestros hombres y mujeres, como las mujeres y hombres de otros países, por lograr lo mejor para ellos y para sus países. Uno de los días, reunidos en casa con amigos, decidimos pasar un buen rato con Bwin y apostar unos cuantos resultados, de los que no dimos ni uno, por cierto.

Resulta que la televisión estaba retransmitiendo una prueba de esquí alpino, concretamente descenso femenino. Claro, era como para acertar, una noruega, otra noruega y tres finlandesas; dos rusas, y otras dos estadounidenses, claro. Ah, suizas por un tubo, y alguna austriaca, alemanas…

 

Foto: hola.com

Foto: hola.com

No pude por menos que pensar que si ahora esto es así, la gesta de nuestra Blanca Fernández Ochoa, su medalla de bronce en el eslalon gigante en los juegos de Albertville, en 1992, es algo que no terminaremos de valorar nunca lo suficiente. Porque no nos olvidemos, las mujeres lo tienen más difícil que los hombres, el eco de sus hazañas sigue siendo menor, y entre todas tenemos que acabar con eso.

 

Ana es la sexta de ocho hermanos, los cinco primeros varones, como ves tuvo que hacerse paso desde muy pequeña. Desde Vallecas, sus padres se trasladaron a Navacerrada, y fijándose en su hermano, otro gran deportista, luchó y luchó hasta conseguir se medalla olímpica en un deporte que no es precisamente típico de España en lo que a competición se refiere.

blanca

Pues estaba yo pensando en ella, y agradeciendo en bajito el ejemplo de personas como Blanca, cuando alguien de los amigos dijo que existe una iniciativa de Bwin para ensalzar la labor de las mujeres deportistas a través de blogs de chicas como Estoyradiante. Y entonces dije, pues yo tengo que contarlo  porque me parece una idea estupenda.

 

El deporte es un vehículo ideal para transmitir valores como el esfuerzo, la disciplina, la ilusión por alcanzar un sueño, el trabajo, el equipo, el tesón. Quiero dar las gracias también a Bwin por su iniciativa. ¡Me ha encantado, claro que sí!