Por fin lo puedo contar. Hace unos días “celebraba” la despedida de soltera de mi hermana, y como era sorpresa, no podía avanzaros nada, por más ganas que me entraban cada vez que cerraba alguna actividad del fin de semana que duró la cosa.

Comenzaba el viernes por la tarde y finalizaba el domingo a mediodía. Ella pensaba que nos íbamos de fin de semana las tres mujeres de la casa, mi madre ella y yo, una despedida tranquila de madre e hijas, que también hubiera sido genial, pero eso sólo era lo que le habíamos contado para poder “secuestrarla” un fin de semana de su apretada agenda de aquí a la boda.

Empezamos con una cena tranquila, de tapas, por Malasaña. Un sitio normal, de no ser por el camarero tan original que no tenía mesas para ofrecernos, y el local estaba prácticamente vacío. Unas risas entre las celebrantes, y ahí le contamos el plan del resto del fin de semana.

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A dormir temprano y al día siguiente, mañana de paseo y compras. Tengo que decir que la despedida era sólo entre primas, no había amigas, sólo primas, y de edades diferentes. Eso sí, con un factor en común entre todas, no sé si irá en los genes pero a todas nos privan las compras, el gastar, las tiendas… Así que aunque nos habíamos propuesto no ir de tiendas en esta ocasión, y sólo pasear por Madrid, no pudimos evitar llenarnos de bolsas durante la mañana del sábado mientras nos dirigíamos desde el hotel que habíamos cogido en pleno centro de Madrid, hasta un restaurante, de tapas, muy cool en la calle Lagasca.

Ya habíamos hecho hambre, así que el menú de tapas que allí ofrecían, nos supo a gloria. Un menú de tapas de 20 euros con el que no pudimos terminar. Aquí está la prueba.

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Después, por la tarde, vendría el plato fuerte de la despedida: una Beauty Party organizada por una empresa de organización de todo tipo de eventos llamada Srta. Money Penny.
Había visto varias opciones para celebrar una beauty party, pero Sandra y María, socias de dicha empresa, organizan este tipo de eventos de una manera muy original y me decidí probar con ellas para esta ocasión. La verdad es que fue todo un acierto.
No fue una “fiesta de belleza” al uso, el local no era un centro de belleza, sino un bar de moda, La Prudencia, en el que nos recibieron ellas mismas y Antonio, un barman “a lo Tom Cruise” simpatiquísimo, guapísimo, entregadísimo y no digo más…

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Simplemente con entrar en el sitio, empezamos a respirar un ambiente de buen rollo y risas, que fueron en aumento a lo largo de las dos horas y media que allí estuvimos.

Entre cócteles y un catering estupendo, la estilista, María, nos peinaba y maquillaba, explicándonos a cada una qué era lo que mejor nos sentaba y cómo ponernos cada producto para sacarle más partido. Incluso nos dio consejos sobre nuestro vestuario para el gran día.

Lo pasamos en grande, y claro, salimos de allí con la moral por las nubes, de tanto decirnos unas a otras lo espectaculares que habíamos quedado. Aquí el antes y el después:

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conbarmanDesde allí, tendríamos que habernos ido a soltar bolsas, paraguas y demás y vestirnos de manera adecuada para ir a uno de los restaurantes (y club nocturno) más de moda de la noche madrileña, Eccola, pero no nos dio tiempo y sólo pudimos salir corriendo en un taxi al citado sitio en el que teníamos mesa reservada.
Desde luego, con esas pintas estábamos totalmente fuera de lugar, pero eso mismo dio pie a las risas que nos pasamos toda la cena avergonzada de nuestros atuendos (especialmente el mío que era de vaqueros y botas de agua, al menos el resto iba mejor). Por si se os ocurre ir a este sitio, todo el mundo iba muy arreglado, es más, había tantas chicas tan arregladas que no habían tenido mucha tela que ponerse y fue todo un desfile de espaldas y mucho más, al aire. Y además eso de llevar poca ropa también debe favorecer la altura porque eran verdaderas torres andantes… ¡y yo con mis botas de agua!
Eso sí, un sitio muy divertido, con buena música y recomendable para salir a cenar con amigos.

No nos quedamos allí a las copas, por el mismo motivo, y nos fuimos a Ramsés, otro sitio de moda, esta vez en la Plaza de la Independencia, desde el que pudimos volver en cinco minutos a nuestro hotel y nuestra habitación cuádruple en la que reímos y reímos hasta casi el amanecer.

Un completo desayuno rodeadas de “guiris” nos hizo de fin de fiesta. Recogida y vuelta a la vida real.

Nunca pensé que pudiera salirnos tan bien, en todos los aspectos, un fin de semana completo de despedida, sobre todo porque a la protagonista no le gustan nada las sorpresas…pero ésta le encantó.

Muchas gracias a todos los que lo habéis hecho posible, en especial a mi madre y a las chicas de Monney Penny por ayudarnos a organizar este importante evento sorpresa que siempre recordaremos como los momentos más especiales vividos en la familia.

Va por ti, Cristina.

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