La semana pasada fue completita. Varias presentaciones, y a cuál de ellas más divertida.

Miércoles por la mañana, estoy en la oficina y me llega un mensaje de una compañera, “¿vamos a la presentación de Sephora de esta noche?”. Espera, le contesto, voy a ver si me han invitado. Compruebo que sí (entre mis más de cuatrocientos mensajes pendientes de leer en la bandeja de entrada…estoy un poco desbordada estos días…) así que le contesto “vale,vamos”.

Por primera vez en mi vida fui más que puntual, y cuando llego a la puerta del nuevo Sephora en la calle Gran Vía, veo que  está lleno de gente en la puerta que no puede pasar porque no tiene invitación. Esto me hace pensar que me había confundido de sitio ya que nunca he entrado en sitios donde hay gente VIP, para empezar, y si la hay, yo nunca había estado invitada.

Dentro había un montón de cámaras y fotógrafos, y mucha gente. Oh, oh, esta gente iba perfectamente vestida, muy arreglada, y yo con estas pintas, con mis bolsos y bolsas varias que llevaba desde las 8.30 am que salí de casa con los niños… empezamos bien.
En fin, llamo a mi compañera a ver si nos hemos equivocado de sitio, pero no, era allí. Así que cuando ella llega, entramos.
La tienda es enorme, fantástica, llena de rincones apetecibles, para mi llena de tentaciones: maquillajes, colonias, maquilladores dispuestos a “alegrarte esa cara” , etc. Todas las tiendas de Sephora son como el paraíso de aquellas a las que nos gustan los cosméticos y esas cosas, pero esta además, a lo grande, como si de la Quinta Avenida se tratara…

Empiezan a desfilar famosos, la mayoría actores de televisión. Amaia Salamanca, madrina de Sephora, Natalia Verbeke, Dafne Fernández,  María Castro, Alba Carrillo, y Juanjo Artero (para mi Javi de verano azul) y muchísimos más.
Yo estaba encantada, viendo tantas caras conocidas, rodeada de empleadas de Sephora que nos preguntaban si necesitábamos algo mientras nos tomábamos algo. Después nos cogieron sendos maquilladores de una marca muy conocida, y nos maquillaron. Me vi tan bien, que me sentía cenicienta, porque ya era hora de volvernos a nuestra casita y nuestro mundo real, a quitarnos el rimel y a dormir para madrugar al día siguiente.

Ay, qué bonito es soñar.

PD: os recomiendo visitar la tienda, está en Gran Vía 32, para las de fuera de Madrid también!