Hoy me he topado con un vídeo que os sugiero un poco más abajo, y su música de fondo, Time of my life, de Dirty Dancing, me ha traído muchos recuerdos que tenía que compartir con todas. Recuerdo cuando era una chiquilla, hace algo más de lo que suponemos, nos pasa a todas, y recuerdo que quería hacer muchas cosas, quería comerme el mundo; ser una súper-ejecutiva, la mamá 90-60-90 enfundada en una minifalda roja estrechísima y unos taconazos de aguja y…

Y una se da cuenta con el tiempo de que esas medidas corporales sólo existen en los anuncios, y de que por más que te esfuerces no logras ser la madre perfecta. Te das cuenta con la madurez, y aunque aún podamos ser mucho más maduras dentro de muchísimos años, de que los tacones de aguja no hay quien los soporte y que la minifalda roja no te la has podido poner nunca; y tampoco te has comido el mundo ni tienes la más mínima intención de hacerlo, ¡menuda indigestión!

Sin embargo, al pasar de los años, vamos descubriendo que cada día, cada instante, cada una de esas cosas sencillas que hacemos, constituyen el tiempo que vivimos, nuestro “Time of my Life”, y pueden ser instantes estupendos, mágicos. Descubrimos que la mirada de uno de nuestros hijos, una cena con nuestra pareja, la posibilidad de ver a tus padres cada día y pedirles esos favores que nunca dejarán de hacernos.

Recuerdo cuando estudiaba que una compañera tenía puesta una pegatina en la puerta de su dormitorio en la que podía leerse: “El encanto de la cosa pequeña; sé bienvenida”. Entonces no lo supe, pero ahora entiendo con la madurez que la vida está repleta de múltiples encantos formados de cosas muy pequeñas pero que, juntas, constituyen algo muy grande, mucho más grande; el tiempo vivido cada día, cada minuto, cada instante. Te sugiero que dediques los próximos de esos instantes a ver este vídeo. Merece la pena; mejor dicho, merece el placer.

Densia-mi-momento

Porque es mi momento, es nuestro momento, de disfrutar, de vivir, de recordar y de aprovechar cada instante, ¿no os parece?