La noche, no muy fría, comenzó con un paseo por la zona, mi chico siempre tiene que llegar media hora antes a los sitios (menos el día de nuestra boda… no digo más), pero ya me he acostumbrado, a ver qué voy a hacer… A medida que subes las escaleras que dan acceso al porche de Zalacaín, vas impregnándote de una especie de halo que lo envuelve todo de multitud de detalles que te transportan hasta hacerte sentir una verdadera privilegiada.

Zalacaín

No sólo se trata de alta cocina, no sólo tuvimos la suerte de una magnífica compañía con la que espero poder pasar muchas veladas, no sólo recibimos un trato distinguido pero sin pasarse, no sólo se trata de la multitud de detalles como la cubertería de Plata Meneses, o la vajilla Villeroy & Boch de diseño exclusivo para Zalacaín. No es sólo uno de estos factores, sino la conjunción de todos ellos, lo que me hicieron vivir una noche increíble que paso a describirte, a ver si lo consigo.

Bueno, primero me detendré en otro detalle. Como ya te he contado en otras ocasiones, mi marido conoce gente hasta debajo de las piedras, pero además tiene suerte de encontrárselos por todas partes. Resulta que uno de los Maitres d´Hotel, Roberto, es amigo suyo de la infancia, bueno, suyo y de su familia, así que, aunque  le había yo advertido de que fuera prudente, se puso a hablar con él en la entrada un buen rato mientras yo observaba a las personas que entraban, ellos traje oscuro y corbata (todos menos mi marido… que lo de oscuro no lo entiende muy bien, que imagínate como lo puse después), ellas con traje de cocktail.

Roberto nos hizo sentirnos muy cómodos, un gran profesional y una gran persona, al que acompañaron Carmelo, Custodio, maestro de sumilleres, y varios de los profesionales que pasaban de cuando en cuando a saludar a nuestros anfitriones, buenos conocidos de la casa. Así cualquiera eh!!!!. Y menos mal que facilitaron la cosa, porque nada más empezar a cenar descorcharon para abrir boca una botella de champán, y yo que no bebo, miré a mi chico a ver si decía que yo no tomo champán, pero nada, como siempre… Estaba riquísimo, así que a partir de ahora, de vez en cuando beberé champán.

Zalacaín

La carta fantástica, no muy larga, pero todo excelente; trufa, caviar Beluga, Ostras de Belón, bogavante, foie de oca… y yo, que entre los braquets y que ya me conoceis, voy y pido una coca cola light y unos raviolis. Bueno, pues hasta la pasta la recordaré durante mucho tiempo. Se trataba de unos raviolis rellenos de setas e hígado de oca con trufas, tiernos y suaves, textura perfecta, cantidad perfecta, ni me acordé de los braquets, la verdad. Luego un lenguado fenomenal y un postre muy rico. Lo de los demás no te lo cuento que es parte de su intimidad, claro.

Me quedaría un buen rato más contándoos detalles, seguramente había algún famoso a mi alrededor, pero ni siquiera miré, el buen rato que pasamos me hizo no despistarme de la conversación ni un segundo. Sólo me queda recomendarte que un día os déis el capricho que os merecéis, e insistir en lo privilegiada que me sentí por la compañía, por el lugar, por todo lo que tenemos en esta vida, amigos para siempre, cocina de temporada, y a vosotros al otro lado de esta pantalla, no puedo pedir más, no tengo derecho.

Zalacaín. Calle Álvarez de Baena , 4 , Madrid. Teléfono 91 561 48 40