Somos  lo que recordamos. Nuestra memoria es nuestra identidad y sin ella no somos nadie.

Cada vez se habla más del Alzheimer pero ¿Sabemos realmente qué es? ¿Sabemos cómo afecta no solo al enfermo sino a los familiares? ¿Sabemos hasta dónde somos capaces de llegar por amor?
La periodista británica Andrea Gillies decidió dejarlo todo para cuidar de su suegra Nancy, diagnosticada de Alzheimer, en una casa al norte de Escocia. Toda una lección de humanidad. Durante ese tiempo, le ayudó a sobrevivir la escritura de “Las amapolas del olvido” (Temas de Hoy) un conmovedor testimonio sobre el cuidado de nuestros seres queridos.

Andrea es una mujer grande, habla bajito, tiene una medio sonrisa y pinta de cocinar estupendamente. Nos damos la mano y en seguida conectamos. Lo primero que se me ocurre preguntarle es si había pensado alguna vez que sería capaz de dejar su vida aparcada para cuidar de su suegra. “ Una nunca sabe de qué es capaz hasta que no le toca pero yo soy muy impaciente y nunca pensé que sería capaz de estar horas y horas encerrada en una habitación con una persona que tiene muy pocos momentos de lucidez.”, contesta Andrea sin un atisbo de soberbia u orgullo.
La conversación va tornándose más profunda y aunque a las dos nos da cierto miedo, pensamos que es bueno saber lo afortunadas que somos y que escarbar en las profundidades no siempre es malo.

Foto: Chris Watt

P: ¿Es más duro para el enfermo o para el cuidador?

R: Sin duda para el paciente, Carolina. Yo estoy viva y contigo ahora. He retomado mi vida y mi trabajo. Nancy ya no está.

P: ¿Qué te ha aportado esta enfermedad?

R: Paciencia, resignación, valorar aún más la vida y la salud, conocerme algo mejor…

P: ¿Es una de las peores enfermedades que conoces?

R: Diría que sí. Si pierdes tu memoria, pierdes tu identidad. Creo que es peor que cualquier cáncer y eso que las comparaciones son odiosas pero si me lo preguntas, te digo sinceramente que sí.

P: ¿Si te diagnosticaran un Alzheimer ahora, qué harías con la experiencia que tienes?

R: Asumirlo lo antes posible, tratármelo en seguida para ralentizar los efectos de la enfermedad, buscar apoyo… pero tengo que confesarte que durante algunos momentos de convivencia con mi suegra…

P: ¿Si?

R: … Pensé que yo me hubiera suicidado antes de llegar a un estado tan terrible.

P: ¿Cómo se te ocurrió escribir este libro?

R: Soy periodista y necesito escribir. Nancy veía la televisión y me hubiera vuelto loca con tanta teleserie y culebrón… Me ponía los cascos, un poco de música y escribía. Comencé tomando notas y pensé que mi libro podría ayudarme a mí y a mucha gente. Era incapaz de escribir ficción. Estaba bloqueada.

P: ¿Te sientes mejor ahora?

R: Ha sido una catarsis para mí, me siento mucho mejor. Ahora me siento capaz de volver a  escribir.

Andrea es una mujer fuerte, nos despedimos esta vez con un gran beso. Me abraza como un oso y prometemos seguir en contacto. Es una mujer admirable. Es una gran amante de las citas y ahí queda una que viene cómo no, al hilo de esta historia…

“Hay que empezar a perder la memoria aunque no sea más que en pequeñas dosis, para caer en la cuenta de que es ella la que constituye nuestra vida. La vida sin memoria no es nada. Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestro sentimiento, incluso nuestra acción. Sin ella, no somos nada. “

Luis Buñuel.