Buenos días. Hoy no os he podido escribir mucho. El motivo es que le he dado al peque un medicamento que me ha mandado el pediatra, se llama Ventolín, y debe de ser como el Red Bull de los niños porque a la una de la mañana seguíamos de fiesta.

Pero, la verdad, me pregunto si le dimos la dosis que nos dijeron o nos pasamos porque ya nos advirtieron que “excitaba un poco” pero una cosa es eso y otra tener a un bebé de un año bailando en el salón (al ritmo de Mozart, nada de marcha) y de vez en cuando girando la cabeza hacia atrás para lanzar unas risas de estas que no sabes si te dan miedo o ganas de reir…un número. Sí, me río ahora pero anoche las pasé canutas.

El proceso fue el siguiente:

1. Parece que tiene sueño, dale los medicamentos y a dormir.

2. Le daremos además el ventolín ese que nos han mandado, inhalado en aerosoles. Así nos aseguramos que duerma bien sin tos (!qué ilusos!)

3. Ventolín dado. El niño que empieza a mover las piernas y los brazos a oscuras en la habitación. Lo acostamos, y nada, se pone como loco a llorar.

4. Lo sacamos de la cuna y lo tumbamos a oscuras con uno de nosotros. No hay manera, se pone a pegarnos en la cara riéndose, a dar patadas, etc. Al final decidimos establecer turnos, las tontas para el final, los listos se van a dormir.

5. Vuelta al salón, quito Madrileños por el Mundo para poner Baby Mozart y dar un ambiente tranquilo. Él apoyado en la mesa bailando moviendo el culo hacia adelante y hacia atrás sin parar y de vez en cuando girándose…el resto ya lo sabéis. Menos mal que al final Mozart consigue lo que parecía imposible.

En fin, cuando me quiera animar, no me tomaré una copita, inhalaré un chute de Ventolín a ver si me da el mismo resultado. !Vaya noche! Besos a todas. Cuando pueda escribiré más.