“Pequeñas mentiras sin importancia” es la última película de Guillaume Canet, actor y director francés. Se trata de una comedia- drama, con cabida para la risa y la lágrima.
El largometraje narra las vacaciones estivales de un grupo de amigos íntimos que todos los veranos pasa dos semanas en la casa de la playa de uno de ellos. En esta ocasión, un hecho inesperado marcará sus vidas y su comportamiento durante ese periodo veraniego: uno de ellos, Ludo, sufre un gravísimo accidente de moto poco antes de salir de viaje.
A pesar de que el terrible accidente sobrevuela las cabezas de los personajes principales durante toda la película, la pandilla vive situaciones divertidísimas durante su periodo de convivencia. Los protagonistas son un retrato muy acertado de la generación comprendida entre los treinta y los cuarenta años, la mayoría inmaduros, egoístas y con complejo de Peter Pan. Entre ellos se reconoce al juerguista, al obsesivo, al maniático, al noble, a la hippie… siendo todos caracteres muy bien definidos y maravillosamente interpretados por un elenco de actores muy apropiado. En la película priman los momentos graciosos, aunque también hay cabida para el melodrama y las tiranteces entre amigos. El accidente de Ludo les ayudará a evolucionar y a hacerse conscientes de todas sus mezquindades.
Casi todos los miembros de la pandilla son hombres, pero las mujeres componen los pilares sobre los cuales apoya el conjunto: Marie (Marion Cotillard) es la amiga fuerte y transparente que ha mantenido relaciones sentimentales con todo el grupo, conservando sin embargo una profunda amistad con cada uno de ellos; Isabelle (Pascale Arbillot) sufre en silencio y con mucha dignidad la crisis sexual que padece su marido Vincent, con quien comparte un hijo, intentando apoyarle en un momento tan complejo; Véronique (Valérie Bonneton), la mujer de Max, el neurótico, le llama al orden constantemente con muchísimo sentido del humor y le disculpa sin cesar delante de los demás en nombre del gran amor que siente por él; Juliette (Anne Marivin) es la razón de existir de Antoine (Laurent Lafitte), un amor obsesivo que está presente en toda la película aunque el personaje de ella no aparezca físicamente hasta el final; y Lea (Louise Monot) es la figura femenina que acaba por fin con el carácter adolescente y frívolo de Eric (Gilles Lellouche), encaminándole hacia la madurez sentimental.
Con un principio espectacular basado en un plano- secuencia extraordinario ( desde el primer segundo de largometraje hasta el momento del accidente de Ludo, varios minutos después, el plano es único, no hay cortes, lo que significa un alarde técnico y artístico importantísimo) a la película le sobra sin embargo algo de metraje (cuenta con 154 min). Pero en general es una producción que contiene un humor muy natural y actual, siendo además un buen análisis del ser humano y de sus flaquezas, y permitiéndonos reflexionar sobre nosotras mismas.
No olvidéis apuntar “Pequeñas mentiras sin importancia” en vuestra lista de películas por ver.
¿Has ido a verla? Qué suerte, daría algo por ir al «cine de mayores»
Besos.
Hola Compritas, pues no, no he ido yo a verla.
Si te fijas bien lo escrive Silvia y no yo. A mi tampoco me da tiempo a ir al cine «de mayores».
Besos!