Rosa MonteroRosa Montero es la escritora más vitalista que he conocido. Es alegre, cariñosa y amiga de sus amigos. Algo que parece sencillo y que no lo es.
Quiso hacerse un regalo por su sesenta cumpleaños – que no los aparenta y no creo que jamás los aparente-. Es como la salamandra de su tatuaje, se regenera. Como iba contando, quiso regalarse una novela con la que disfrutar, que pudiera acompañarla durante unos años, en otras futuras aventuras. Creó un personaje a su medida, con mucho de ella pero más excesiva en todo: la detective humanoide Bruna Husky.
El momento vital por el que pasaba Rosa durante el proceso de escritura de Lágrimas en la lluvia (Seix Barral) era especialmente duro pero su protagonista, Bruna Husky le ayudó de alguna manera a superarlo. Pudo terminar la novela híbrido de la ciencia ficción y novela de detectives y hace unas noches, la presentó ante todos sus amigos en el madrileño teatro de la Abadía. La actriz Pastora Vega, leyó fragmentos de su novela y la violinista Mirari Irurzun  tocó el violín. La presentación acabó con un vals que ponía los pelos de punta.
Charlar con Rosa unos días antes en el Hotel de las Letras de la Gran Vía fue un puro placer. Rosa contagia su sonrisa y nos tenemos cariño. Hablamos de la muerte con cierta nostalgia e incluso tristeza pero con valentía, siendo ambas muy conscientes de la fugacidad de la vida y de cómo hay que agarrarla bien y no dejarla escapar.
Hablamos de literatura, de su amor por el lenguaje, por las historias, de por qué una escribe (generalmente para cuestionarse cosas, para ordenar ideas, para vivir otras vidas…)  Charlamos sobre sus dos perros, ambas adoramos a los animales. Disgregamos sobre la memoria, tan engañosa y traicionera y me fui con el corazón alegre.

Ahora entiendo aún más por qué tiene tantos amigos: los cuida y nos les exige nada. Un detalle que no creo que le importe que cuente: Mandó un mail a sus amigos invitando a la presentación de la novela y añadía… No os sintáis obligados, venid si podéis… Esa es la verdadera amistad. Y por supuesto ¡ el teatro se llenó !