Hace unos días, me invitaron a conocer el Castellana Sports Club, un lugar de referencia para todos los amantes del cuidado de su cuerpo, y doy fe de que los hay impresionantes. Si os digo la verdad, cuando llegué creía que me había perdido porque está justo en la Estación de Chamartín de Madrid; si sí, dentro de la estación.

Las salas son impresionantes, imagino cómo debía ser el centro cuando se inauguró, hace ya unos años, y alabo su capacidad de renovación y crecimiento. Sin embargo, no es eso lo que más me impresionó, aunque cuando lo lea Borja, el amable director de comunicación que nos hizo de guía, pensará que no me funciona muy bien la cabeza.

Cuando llegué, con tiempo como suelo, fui a la cafetería a tomar una cervecita, y me sorprendió el tono con el que unos se trataban a otros. Todos se conocen, todos se tutean, el respeto por el personal de servicio no está reñido con un trato cercano y de confianza, por el nombre de pila. Castellana Sports Club es una pequeña gran familia en la que cada nuevo visitante es tratado como si del primero se tratara, y hablo con conocimiento de causa.

Su sala de baile, su completo spa, sus afamadas pistas de squash, sus salas de gimnasio con las últimas novedades y de un tamaño formidable… me parecían haber sido vistas en alguna serie de televisión, extremo que nos confirmaron mientras charlaba con Arraque y Dovidena, de Groupalia y de la agencia con la que colabora, tan profesionales de la comunicación como amables. Fue un placer pasar un buen rato con ellas.
Yo pienso volver y creo que cualquiera que desee conocerlo comprobará que Castellana Sports Club es un lugar grande, pero también es un gran lugar.